¡Habla, Europa!

Enric-Sol Brines i Gómez | Profesor De Diplomacia Pública. Publicat al diari El Levante-EMV el passat 9 de maig del 2020

Seguro que este 9 de mayo leerán artículos sobre el fin de la Unión Europea. Yo prefiero el optimismo. Monnet ya lo dejó escrito en sus memorias: «Europa se forjará en las crisis, y será la suma de las soluciones adoptadas para esas crisis». La Unión nació tras la Segunda Guerra Mundial, y crisis tras crisis ha ido creciendo y ampliando sus competencias y recursos. ¿Por qué entonces persiste su imagen de fragilidad o de inoperancia? Dentro de las múltiples causas que lo explican, una ha sido la carencia histórica de una diplomacia pública europea potente. Hace diez años, esto se empezó a resolver parcialmente con la puesta en marcha del Servicio Europeo de Acción Exterior (SEAE). Aun así, se siguen cometiendo fallos graves de comunicación. Tanto ad intra como ad extra. 

La actual crisis sanitaria ha hecho más visibles estas carencias. El actual Alto Representante, Josep Borrell, recordaba la ayuda europea a China de 12 toneladas de material médico en enero, ambulancias incluidas. Pero somos pocos los que lo supimos: las noticias de ello fueron escasas. Y lo mismo ha ido ocurriendo a medida que avanzaba la pandemia global. En marzo, el BCE creaba un programa urgente de compras de deuda de más de 750.000 millones de euros en el que, por primera vez, se incluía la adquisición de bonos griegos. Mientras tanto, la opinión pública criticaba a la Unión por su lentitud en responder a la crisis. Ese mes, la Comisión reforzaba el Mecanismo Europeo de Protección Civil con una nueva reserva de equipos médicos común a nivel europeo: nacía RescEU. También habilitaba 75 millones de euros para repatriar a europeos. Pero daba igual: todas las miradas se centraban en demonizar a Holanda y Alemania, mezclando la negativa de ambos países a mutualizar deuda con la actuación de las instituciones comunitarias en sus ámbitos competenciales. Y nada tenían que ver. Por enésima vez, agoreros y alarmistas volvían a pronosticar que Europa se rompía. Y los eurófobos se frotaban las manos, aprovechando la mezcla de desinformación por un lado, y mala praxis comunicativa de la Unión por otro, para avanzar su agenda y seguir minando el único experimento de democracia cosmopolita del que la humanidad dispone.

Varios errores han distorsionado las percepciones de la realidad. Algunos, aunque anecdóticos, son sintomáticos de que algo no va bien: el chocante uso de cromas surrealistas en los discursos de Von der Leyen es un ejemplo palmario. El 21 de marzo se la veía en el espacio con satélites alrededor. En el más reciente, donde felicitaba el éxito de los más de 7.000 millones de euros recogidos para desarrollar una vacuna, nos habla ante una gran hoja verde. Y en el primer mensaje institucional sobre la pandemia, este sí, con las banderas detrás, ni siquiera se despedía. Estos fallos de escenificación aceleran la distracción de la audiencia y restan autoridad a la presidenta. De lado del presidente del Consejo Europeo, Charles Michel, su primera respuesta a la crisis fue publicar en varios periódicos una carta a los españoles. No es suficiente. En materia de diplomacia pública, la UE haría bien en recordar la teoría de la confianza social de Sztompka: la gestión de los bienes intangibles está en la base de la supervivencia de las organizaciones. 

Es cierto que ha habido algunos casos de éxito, cómo el infográfico que subraya elementos concretos de solidaridad entre estados miembros: envío de mascarillas o la hospitalización de ciudadanos italianos o franceses en Alemania. Fue muy difundido en redes sociales. Pero este mensaje fue contrarrestado por imágenes mucho más potentes, como las de médicos llegados de China o Cuba (con su bandera) a Italia, así como respiradores de Rusia. Salieron en todos los noticiarios. La UE trató de compensarlo días después con vídeos de sanitarios rumanos llegados a Italia en el marco del nuevo mecanismo RescEU. Y aunque tuvieron buena circulación en redes, los medios masivos no lo difundieron tanto.

Pero si de puertas para adentro la UE ha intentado corregir el rumbo comunicativo, de puertas para afuera la gestión de su diplomacia pública ha sido nefasta. China ha comunicado machaconamente sus envíos de material sanitario gratuito a decenas de países. Por el contrario, los europeos ni siquiera hemos sido capaces de mantener un mínimo de coherencia en nuestro propio vecindario. Pese a enviar 3.000 millones de euros a países como Albania, Ucrania o Jordania, el mensaje que más caló fueron las declaraciones del presidente serbio. Este contrapuso la llegada de equipos de China frente a la prohibición europea de exportar equipos médicos a un país candidato. «La solidaridad europea no existe, es puro cuento. Los únicos que nos ayudan son nuestros amigos de la República China», declaró Vucic emocionado. 

En España, la estrategia china también ha sido un éxito. Además de una embajada hiperactiva en las redes sociales, la propia Casa Real agradecía a Huawei donaciones de mascarillas o directamente gestionaba otras tantas con Alibaba. Tabloides del partido comunista chino, como el Global Times, intentaban atribuir el origen del virus al ejército estadounidense, consiguiendo que hasta Telecinco se hiciera eco de ello. Este crédito mediático a una falsedad demuestra el creciente poder blando chino, que aprovechan sin tregua. Lo cierto es que China no sólo intentó ocultar el Covid-19 al inicio del brote: también lo intentó con el SARS. Y poco se contó de la expulsión de China de trece corresponsales de los principales medios norteamericanos en marzo. O de cómo se intentó silenciar a médicos al inicio de la expansión de la enfermedad. AD¡Clava un tallo de rosa sobre una patata y observa lo que pasa en 10 días! ¿No lo podrás creer!Ella pone un tallo de rosas en una patata y mira…

Ante el preocupante escenario, los responsables de la diplomacia pública europea se preguntan cómo actuar. ¿Polarizamos contra el pueblo chino como Trump? Imposible. No entra en nuestros valores. Además, es ineficaz. El uso de discursos racistas, como la repetición hasta la saciedad del concepto «virus chino» que hace Trump, es contraproducente. Una diplomacia pública sostenible no solo debe buscar el interés propio, sino también crear espacios de encuentro. El populismo distorsiona el fin de la diplomacia pública, que es generar «poder blando». De hecho, el único fruto de discursos polarizantes es el «poder afilado». Y ello niega la esencia de la retórica, entendida como la capacidad de persuadir desde la verdad para buscar la cooperación de todos en la construcción de una nueva realidad común. Nuestro reto, como europeos, debe ser persuadir de las bondades de nuestro imperfecto proyecto cosmopolita y democrático. Y no polarizar entre potencias, países, sociedades o individuos. Esto sí se entiende perfectamente. Ojalá el SEAE sea capaz de aplicar con éxito la teoría que tiene bien asumida. ¿Será esta crisis la que fuerce a una solución? Esperemos que la cita de Monnet siga siendo válida.

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